Alas de papel

07 Nov 2017

Beatriz Martinez

Ver a los refugiados como el problema es el problema

Todos los hemos visto y escuchamos constantemente de ellos en los noticiarios, ¿pero alguna vez te has detenido a pensar en ellos como personas en lugar de “refugiados”? Siendo hoy 20 de junio, es el día mundial de los refugiados. Este día fue adoptado por la ONU hace 17 años, en el 2000 para mostrar apoyo a esta grande y creciente grupo en el mundo.

Un refugiado, acorde con el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), “es una persona que, debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país […]”. En la actualidad según datos oficiales del ACNUR hay 65.6 millones de desplazados, personas que haciendo referencia al nombre dado, se desplazan dentro de su propio país mientras que existen 22.5 millones de refugiados. La crisis humanitaria, de donde provienen una gran cantidad de los ellos y que la mayoría de nosotros conocemos es la actual guerra en Siria, sin embargo, hay muchísimos otros países de los cuales de sus habitantes se ven obligados a huir por diversas razones siendo los más comunes: Sudán del Sur, Afganistán, Nigeria, Etiopía e inclusive países de Latinoamérica.

¿Puedes imaginarte sentirte tan desprotegido y en peligro en tu propia ciudad? Las causas son diversas: guerra, abusos, situaciones de peligro o amenazas por preferencias sexuales, entre muchas otras. Intento ponerme en los pies de aquellos que algún día tuvieron todo y ahora simplemente se desplazan huyendo del peligro con una mochila o menos, esperando algo mejor, pero siendo honestos no siempre lo obtienen. Claro que es mejor vivir en un lugar donde no te veas expuesto al peligro, a las explosiones, a ser perseguido o lastimado, pero la vida de un refugiado no es en la mayoría de los casos, la vida que un ser humano se merece.

Creo que vemos a las masas en la televisión, oímos sobre las tragedias, ¿pero de verdad comprendemos el dolor y la confusión por la cual deben estar pasando? Los refugiados no son sólo eso, son personas como tú, como yo, como tu vecino, como cualquiera, personas que hace un par de años estudiaban, trabajaban, salían con su familia, se divertían, podían vivir y de un momento a otro se ven envueltos en crisis que ponen en riesgo sus vidas y las de aquellos que más aman. Viajar de noche para no ser capturados por las autoridades, dar pastillas a bebés para que no lloren y así poder cruzar fronteras, correr para sobrevivir, dar todos sus ahorros a guías que prometen llevarlos a un mejor lugar, todas estas son cosas por las cuales los refugiados pasan a diario.

La misma descripción del refugiado establece que por razones externas a ellos se ven forzados a dejar su país y aun así parece que dentro de la comunidad mundial, tanto civiles como políticos, no logran comprenderlo y se oponen a la idea de la llegada de estos individuos a sus naciones. Y entiendo, entiendo que cada país tiene sus problemáticas, deudas y problemas que resolver, una estabilidad que mantener o conseguir, porque muchos de los países en los cuales residen actualmente los mayores números de refugiados no son países desarrollados, sino naciones que también tienen problemas y no reciben el supuesto apoyo que deberían brindar las naciones que en 1951 firmaron la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Porque mientras se intenta ayudar y dar un mejor ambiente a los refugiados, los campos no dan abasto para la gran crisis actual causando esto muchas veces hambruna o condiciones inhumanas de vida, más naciones reducen la cantidad de refugiados que reciben, mientras otras cierran complemente sus fronteras, aceptando a 0 refugiados, mostrándose indiferentes a los conflictos que cuestan tantas vidas a pocos kilómetros.

Esto es un problema y está pasando, no se trata de noticias y notas lejanas, es una realidad y es una realidad que podría afectar a cualquiera de nosotros. Hay campos de refugiados que llevan operando desde los años 90s y las naciones de las cuales provienen sus habitantes no parecen mejorar o tener un gran avance como para que ellos puedan regresar. Lo peor de todo esto es que en muchos casos el refugiado se ve encerrado, atascado, ya que, aunque legalmente tiene derecho a la educación y al trabajo, algunas naciones pueden decidir no dar estos beneficios dejando así a estas personas atoradas por años, teniendo que trabajar ilegalmente si desean sobrevivir.

Aunque creamos que estas circunstancias son ajenas y distantes a nosotros, en México cada año 500 mil personas ingresan de manera irregular, principalmente a causa de la violencia y la pobreza que se vive en sus países de origen. Durante la presentación del Informe “Refugiados en México: de la respuesta humanitaria a la integración laboral”, se precisó que 91.6 por ciento de los solicitantes de asilo provienen del Triángulo Norte de Centroamérica, esto es, Guatemala, Honduras y El Salvador. Así que no, no es una complicación apartada, es algo a lo que también estamos conectados.

Aunado a todo esto, quiero hacer mención de los 75,000 niños que se ven incluidos en las cifras de refugiados, niños que viajan solos, quiero hacer mención de las niñas que se ven obligadas a ser casadas siendo adolescentes en campos de refugiados, quiero hacer mención a todas las muertes que estas crisis humanitarias causan, ya que hay muchísimas más de las que vemos en las noticias, quiero hacer mención a todos los refugiados que por las situaciones que tuvieron que vivir ahora sufren de problemas de salud no sólo física sino también mental que no siempre pueden atender. No me imagino la incertidumbre de vivir en una tienda de campaña dentro de un campo o la gran fuerza que estas personas deben de tener para intentar sobrevivir fuera de los campos. Por esto mismo quiero hacer mención también a su resiliencia, a sus ganas de trabajar. A final de cuentas no somos tan diferentes como creemos, somos humanos, somos estudiantes, somos trabajadores y en cada comunidad, religión o país habrá personas buenas y malas, no creo que debamos discriminar a un grupo entero basado en estereotipos o ideas erróneas, es como si todos los mexicanos fuésemos lo que los medios internacionales muestran día con día; estoy segura de que no lo somos, hay mucho más, así como hay mucho más de estas personas. Escribo esto el día de hoy por la ocasión, sin embargo, espero que no olvidemos y a diario tengamos presente que ellos no son números, no están tan lejos, no son distintos, son personas que tienen un pasado similar a cualquier otro pero que por causas que ellos claramente no controlan, ahora tienen un presente confuso y difícil lleno de rechazo, carencias y discriminación, así como un futuro incierto. Claramente estas personas no eligieron salir de sus naciones, estoy segura que en muchos de los casos quisieran volver a ellas, pero ahora sólo piden la oportunidad de trabajar y poder reconstruir una vida y, aun así, muchos gobiernos parecen no comprender esto, sin tomar en cuenta que es ilegal regresar a los refugiados a su país de origen si corren riesgo en ellos. Esta es una crisis enorme, pero en algún momento será historia y espero que más naciones decidan formar parte del lado bueno de la historia.

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