Entre los zapotecos ser ‘muxe’o ‘gay’ es algo que se respeta

11 May 2015

Pilar o Pili, es como conocen a Celso Valdivieso Morales en Santa Rosa de Lima, comunidad zapoteca que pertenece al municipio de San Blas Atempa, su buena vibra contagia a chicos y grandes. Pilar es muxe desde que nació, comenta su mamá, Cecilia Morales Reyes, quién expresa que solo Dios sabe porque ella es así, pero la acepta y la quiere mucho.

Pilar nació un 28 de junio de hace 24 años, pero a los tres meses de edad su madre abandona a su padre por problemas personales y se la lleva a vivir a casa de sus padres, y desde entonces todos viven en una sola casa, han compartido su evolución de pasar de niña a mujer.

Para Pilar, Celso no existe, es solo un nombre, ella se siente y viste como una mujer hecha y derecha, es una joven que ha atravesado obstáculos de la vida para poder mantener a su familia, a su mamá y sus hermanos.

En este 10 de Mayo, Cecilia Morales Reyes, mamá de Pilar expresa en su lengua materna, el zapoteco que está orgullosa de Pilar, no la discrimina mucho menos la insulta, al contrario es su dama de compañía.

Con un brillo de sus ojos verdes, y su tez blanca, Cecilia describe que como madre de Pilar ha sido un aprendizaje hermoso el que tengo y que solo Dios sabe porque le dio a un muxe.

“Acepto a mi hija con gusto y agrado, hemos aprendido a vivir con ella, porque cuando la vi nacer era un hombrecito con todos sus órganos, tal y como nacen los varones, pero a los dos años Pili me demostró su feminidad y desde entonces ella viste como mujer”.

El atuendo de Cecilia es de una mujer orgullosa de pertenecer a la raza zapoteca, en su vida diaria, utiliza enagua y huipil tipo rabona que moldea su gran y escultural cuerpo, y sentada sobre un butaque de madera relató el episodio en el cual pudo constatar la preferencia sexual de Pilar.

“A los dos años de edad, la llevé a una fiesta infantil, y la cumpleañera regaló pelotas a los niños y juegos de té para niñas, entonces a Pili le dieron una pelota, y que se suelta a llorar diciendo que ella quería juego de Té, la vecina solo sonrió y me lo dio y desde entonces el rumor creció que Pili era muxe, yo estoy orgullosa de ella”.

Pili y su madre de dedican al bordado de trajes regionales, además del comercio de dulces y antojitos en la escuela secundaria de su localidad, son de familia humilde pero trabajadora, aseguran que no les falta de comer a ellas y sus familiares, porque el trabajo siempre está.

En Santa Rosa como en otros pueblos del Istmo de Tehuantepec, la comunidad lésbico-gay realiza veladas nocturnas dedicadas a ellos, donde bailan y comparten con sus amigos y amigas, Pili nunca falta, sin embargo en los últimos meses, su mamá le ha manifestado su preocupación debido a que la inseguridad está a flor de piel en las localidades.

“Desde los diez años Pili usa ropa de mujer, ella solo estudió la secundaria, por lo mismo de su gusto por la ropa femenina, pero por fortuna jamás ha recibido una burla o discriminación, ella es muy amigable con todos, se lleva con muchos muchachitos, pero lo único que le pido es que se cuide de no tener SIDA u otra enfermedad, porque su vida estará destruida”, compartió su madre.

Para Cecilia, no todo ha sido color de rosa con Pilar, pues conforme crece, las necesidades son más fuertes, porque sale más de noche, convive con más jovencitos y eso le preocupa, no le gustaría que ella recibiera una mala experiencia o que la golpearan por vestirse de mujer.

“Como madre he aceptado a Pilar, es una muchacha, me acompaña a todos lados, por fortuna entiende mis palabras, hablamos de sexo, de sus preferencias sexuales, pero en ocasiones me desobedece y es cuando hay problemas, pero es una noble persona, muy trabajadora y me da gusto que hubiera nacido, un muxe es una bendición, no me da pena vivir con ella, la quiero tal y como es”, narró.

En la casa de Pilar, un hogar humilde y católico e invadido de mucho amor, todas los días ella actúa, viste y siente como mujer, para todos es una mujer más de la casa, es un muxe que tiene libertad pero también responsabilidad y una de ellas es cuidar de su mamá, su abuela y sus hermanos.

“Nosotros salimos a pasear, nos gustan las fiestas, vivimos felices y en nuestra artesanía, tenemos muchos clientes que son de fuera y nos visitan continuamente, vivir con un muxe ha sido una vida normal como todas, supongo. Como madre creo que no he fallado, no me arrepiento de lo que he hecho, les he cumplido a mis hijos y sobre todo a Pilar”, sostuvo.

Cecilia no deja de suspirar en cada pregunta, su voz grave resalta cada una de sus palabras, juntas se toman de la mano, sonríen y aseguran que esta vida que les tocó vivir la disfrutan, son felices y solo suplican a Dios que les dé fuerza para seguir adelante.

“En esta casa el respeto, los valores y la tolerancia existen, las reglas y las obediencias también y Pili lo sabe, no hay trato preferencial por ser muxe, si no se porta bien seguramente recibirá una regañiza”, concluyó.

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Fuente: La Jornada

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