«La Iglesia pedirá perdón por los homosexuales, igual que hizo con la Inquisición o con Galileo»

21 Oct 2015

Hablamos con monseñor Krzysztof Charamsa, prelado católico, gay, y que le ha declarado la guerra al Vaticano

Charamsa no para de dar entrevistas a medios desde que, el pasado 4 de octubre saliera del armario y declarara públicamente su homosexualidad y presentara a su pareja, catalán. De hecho, después de la entrevista que me conceda a mí hablará con una televisión alemana.

Pongo la oreja y escucho su facilidad para los idiomas. Y el entusiasmo con el que habla. A veces lo hace con vehemencia; otras con una cierta inseguridad.

Por fin termina y nos damos una vuelta por la cafetería mientras la gente observa, comenta y cuchichea con el de al lado tapándose la boca. Al fin y al cabo, Charamsa se ha convertido en una estrella del pop que viste de impecable clergyman y no pasa desapercibido.

¿Por qué sigues vistiendo como un sacerdote?

Visto así porque es como he vestido en los últimos 18 años y sigo siendo sacerdote. Es por inercia, porque aún no me ha dado tiempo a comprarme otra ropa.

Pero, ¿quieres seguir siendo sacerdote?

A mí me gustaría, pero es cuestión de tiempo que mi obispo me quite la licencia para confesar o para celebrar misa. Cuando él me aparte definitivamente del sacerdocio, entonces dejaré de vestir así. Pero de momento yo sigo siendo cura, dependo de un obispo en Polonia y me sigo vistiendo así.

Nunca le he dado demasiada importancia al tema de la vestimenta, pero claro, yo trabajaba en el Vaticano y ahí las vestimentas y los títulos son importantes. Era el uniforme que había que llevar.

Nunca has sido un cura progresista… 

No, no, para nada. Aunque admiro a esos curas y misioneros que están en la realidad del mundo, algo de lo que el Vaticano está muy apartado. Ellos no dan ninguna importancia a cómo tiene que vestir un cura y yo tampoco.

De hecho, trabajabas en la Congregación para la Doctrina de la Fe a las órdenes de Ratzinger. Y, de pronto, sales del armario, y lo haces de una manera que hasta el papa Francisco ha calificado de “escandalosa”. ¿Por qué has salido del armario?

Le he dicho a mi Iglesia que soy gay, cura gay y que soy feliz y estoy orgulloso de serlo. Libre de cualquier complejo y de cualquier sentido de culpa que muchas veces los curas vivimos cuando descubrimos que somos homosexuales… Vivimos en un complejo continuo.

Me imagino que otros sacerdotes gays se habrán ido de la Iglesia de manera silenciosa, pero tú lo haces público y justo cuando empieza el Sínodo de la Familia en Roma, que pretende debatir sobre temas que afectan al matrimonio y a la definición de familia… ¿Por qué?

Yo lo hice público por dos razones: primero, como una forma de protesta contra la Iglesia, como una llamada de atención para decirles que no pueden continuar de esta manera, ofendiendo a las minorías sexuales.

Y también por esto lo hice público justo antes del Sínodo, que oficialmente debería ocuparse de todas las familias. Las familias no son solamente heterosexuales. Las familias se forman de diversas maneras y este Sínodo debería darse cuenta de la realidad que hay.

Yo he visto cómo se preparaba el Sínodo. Y estaba cerrado ya antes de que comenzara. Yo he visto que se ha hecho dentro de la política vaticana, en mi Congregación, cómo se luchaba contra el papa Francisco, cómo se luchaba contra cualquier posibilidad de plantear un diálogo —no digo que se fuera a aceptar directamente— sobre las diferentes realidades que conforman la familia en el mundo actual.

¿Y la segunda razón por la que lo hiciste público?

Sí, porque yo soy gay. Un gay no puede salir del armario completamente si no es haciendo mucho ruido. Yo pienso que muchos curas, cuando han vivido este conflicto con la Iglesia, se dicen que tienen que proteger su vida porque si no la Iglesia los mata psicológicamente…

¿Cómo los mata?

La respuesta de la Iglesia cuando descubre que un cura es homosexual es obligarle a ir a curarse a un centro médico fundamentalista. Pienso que muchos curas que han salido de la Iglesia para vivir en tranquilidad y en paz su homosexualidad lo han hecho en silencio, pero siguen viviendo una tortura. Eso le gusta mucho al Vaticano, que yo lo hubiera hecho de esta manera.

Pero esto solo perpetúa el complejo de culpa. Es seguir en un «semiarmario». Te quedas con todos los problemas que tenías dentro del armario, con baja autoestima como yo la viví…

La Iglesia intentará calumniarme y quitar valor a mis palabras. Pero me siento libre y quiero que la Iglesia sepa que hay uno que se ha levantado y ha dicho que ya no tienen más derecho de destruir las vidas de las personas de este siglo, que son normales como todas las otras personas.

No quiero ser un fugitivo que huye de la cárcel para esconderse de nuevo.

¿Por qué estaba en una cárcel?

Lo que yo he vivido es un horrible conflicto, una presión inhumana que incluso calificaría de diabólica. Lo digo con toda la conciencia. Es una confusión diabólica que la Iglesia pone en los corazones de personas respecto a las minorías sexuales. Porque la posición de la Iglesia podría justificarse de alguna manera en el siglo XIX, pero no dos siglos después, con estudios sobre la homosexualidad.

Estamos en un retraso que no se puede perdonar. Cuando la Iglesia comience en el futuro a pedir perdón por esto, al igual que hizo con la Inquisición o lo de Galileo, yo no le daré ese perdón.

Deben convertirse y sufrir por su posición paranoica e irracional. Por su capacidad de destruir la vida de las personas, su ignorancia al sufrimiento, porque los homosexuales no somos maníacos del sexo como muchos en la Iglesia sí lo son.

¿Cómo llegaste a liberarte de esa culpa, de ese complejo?

[Suspira] Esto fue un proceso muy largo muy anterior a que tuviera pareja. Fue un proceso intelectual, espiritual y existencial. Una búsqueda científica en la universidad, en mi trabajo en la Iglesia, en mis relaciones con otras personas…

Fue doloroso, porque vengo de Polonia, que es un país de profunda homofobia, en una situación inaceptable respecto a las minorías sexuales.

Vengo de una familia católica, que es una familia fantástica y que me ha apoyado de una manera increíble haciendo ella misma su proceso de comprensión de la realidad.

Este mismo proceso que hemos hecho yo y mi familia es lo que debería confrontarse con una imposición enfermiza y paranoica de la Iglesia, que tiene miedo y odio a personas homosexuales, transexuales, bisexuales, intersexuales…

Pero, ¿a ti la Iglesia te censura por el hecho de ser gay, o por el hecho de romper el celibato? Es decir, un cura heterosexual que se va con una mujer también sufriría lo mismo, ¿no?

Yo estoy seguro de que soy rechazado porque soy gay. Aquí, si tengo pareja o no, no importa. La Iglesia realmente reconoce que pueda haber personas homosexuales pero los trata de enfermos y les niega el derecho a vivir la vida en coherencia con uno mismo. Y esto incluso es una verdad a medias porque uno, según la Iglesia, no puede ser gay. Uno en la Iglesia debe esconderlo y luego curarlo. Si no lo curas, al menos debes esconderlo. Tienes que estar en una situación de negarte a ti mismo.

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Fuente: PlayGround

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