Alas de papel

07 Nov 2017

Beatriz Martinez

México lindo y querido (fragmentado y derrumbado)

Hoy me siento sin saber realmente a quién escribirle, pero sabiendo que no me puedo quedar sin decir nada, sin intentar hacer algo. Hace meses escribí a un país que me dolía ver y a un pueblo en el cual confiaba; hoy escribo a un país que me sigue doliendo y aunque aún confío en el amor y la fuerza de los mexicanos, me sorprende la indiferencia y frialdad de algunos cuantos ante las situaciones que han afectado a nuestra tierra últimamente.

Espero que hayas llorado. Sí. Espero que, aunque sea alguna lágrima haya salido de tus ojos y resbalado en tus mejillas por las tormentas, los terremotos o los feminicidios. Espero que todos estemos conscientes de que somos habitantes de este mismo territorio, de este mismo país y compartimos historia, raíces y mil motivos para unirnos, solidarizarnos y sentir el dolor del otro; no es un dolor ajeno, es el dolor de todos. Porque puedo asegurarte que, aunque esté a kilómetros de distancia de las tragedias, me duelen como si mi familia fuera la afectada por un desastre natural o mi mejor amiga la víctima de un feminicidio.

Me duele ver como este país que sigue descubriéndose a sí mismo e intentando definirse, se vea golpeado y azotado en un periodo tan corto, pero no dudo jamás de la fuerza y resiliencia dentro de nuestro espíritu. Pero es que mi cerebro no logra procesar cómo existen quienes hacen de todas estas tragedias un chiste o cómo no logran ponerse en los pies del otro. ¿Hasta cuándo entenderemos que lo que ocurre en México nos afecta a todos?, ¿qué es necesario para que tú mexicano te des cuenta que estamos unidos en esta guerra y nuestra patria es trabajo y responsabilidad de todos nosotros?

Entiende que no, no fue culpa de Mara ser asesinada; ella no pidió lo que recibió, ella pidió un camino seguro a casa después de una noche que seguro tú o cualquiera de tus amigos o tu familia han tenido. No es su culpa ser mujer y no debe ser visto como algo malo. Qué orgullo ser mujer. Qué amenaza serlo en México.

Entiende que no, no son graciosos tus chistes de los sismos y tu indiferencia porque “son chilangos”. Sólo porque vivas algún estado que no se ve comúnmente afectado por terremotos o temblores significa que no te sea posible ponerte en la situación de otro mexicano, que al igual que tú, pudo estar teniendo un día tranquilo y de la nada todo se le vino abajo.

Hace un par de días fue el aniversario número 217 de nuestra independencia, por mucho cariño y orgullo que le tenga a esta patria debo admitir que aquel día no me sentía con ánimos de festejar. No podía festejar sabiendo que mi país seguía envuelto en casos de violaciones constantes de los derechos humanos y ahogado en la sangre de todas las víctimas que jamás volverán a sus casas, aunque muchos aún sean esperados. Hoy seguimos de luto por Mara, por los afectados en Chiapas y Oaxaca, en CDMX, en Puebla, en Tabasco, en Los Cabos. Cada historia es diferente pero cada uno pudimos haber sido tú o yo. Puede que me pesen estas pérdidas, pero hay personas que hacen que sea más llevadero todo, que hacen que no pierda la fe en nuestra gente, que deciden levantarse y ayudar a su hermano mexicano que más lo ocupa, pero, así como hay quienes auxilian también están aquellos ajenos y distantes.

No es posible, México, que sigas comprender que este pueblo puede ser diverso y rico en variedad, nuestro territorio puede ser amplio y tan diferente de una frontera a otra, nuestro lenguaje puede diferir sólo de una entidad a otra, pero por eso y no a pesar de eso, es que somos lo que somos. Enfrentamos los mismos problemas y tenemos los mismos enemigos. Venimos del mismo pasado y aunque unos salgan más jodidos que otros, te prometo que tenemos el mismo presente. No son tiempos de dividirse, burlarse y culpar a otros, son tiempos de abrazarnos, unirnos, apoyarnos, entendernos, escucharnos, ayudarnos.

Así que no sé muy bien si esta vez escribo a un pueblo en el que aún creo o no, no sé si busco intentar demostrarte que, aunque todo parezca perdido, hay manera de reconstruirlo o si intento que sientas un poco del dolor de todo México en ti, aunque sea un poco y te des cuenta de que no eres ajeno a las tragedias. Estamos fragmentados en flacos, gordos, ricos, pobres, morenos, blancos, chilangos, regios, clase alta, media, baja, con estudios, sin estudios, profesionistas, mujeres, hombres, por estados, por colonias, por el transporte que usas o la ropa que portas. “El México nuestro. De rascacielos y chozas, BMWs y burros, internet y analfabetismo, murales y marginados, plataformas petroleras y ejidos disecados, riqueza descomunal y pobreza desgarradora. País sublime y desolador”, como lo describió Denise Dresser. Estamos tan pero tan divididos que creo que a veces se nos olvida que, a final de cuentas, todos somos un conjunto. No sé si tú lo sientas, pero yo sí, de verdad me gustaría que tú también. Cuando digo “conjunto” espero no me lo tomes a mal, no espero que todos nos veamos idénticos, tengamos el mismo trabajo, soñemos igual o que no haya distinciones, claro que no, entiendo que nuestra diversidad, como dije arriba, es lo que más nos caracteriza y enriquece, sin embargo, es necesario comprender que, dentro de nuestros contrastes, tenemos un poco de la misma materia prima. Puede que vivamos en puntas opuestas del país, puede incluso que ni siquiera estés en nuestro país, pero compartimos una infinidad de cosas que nos dan la misma etiqueta de “mexicano”; lo que te da orgullo, también me lo da a mí, lo que te derrumba y destroza, también me afecta a mí.

Hace 32 años nuestra capital se vio afectada por un terremoto de 8.1 grados y la gente mostró esa caracteristica empatía mexicana al ponerse a trabajar para salvar y ayudar. Hoy, lamentablemente, nuestra capital se vio afectada nuevamente por un terremoto, en esta ocasión de 7.1 grados y claro que están quienes trabajan por apoyar, quienes buscan lo mejor para todos, pero también podrás ver que si entras a redes sociales encontrarás comentarios de burla, de indiferencia, entre otros. Si no te viste afectado por ninguna de las situaciones que han atacado a México en las últimas semanas, me alegro infinitamente, nadie merece pasar por algo así, pero no tengas el descaro de hacer bromas, de burlarte de la muerte o el sufrimiento de otros que, más que ser mexicanos, son humanos. Date cuenta que nadie elige pasar por algo así: nadie elige morir, nadie elige perder todo, nadie elige sufrir. Abre los ojos. Haz algo. Apoya.

México.

México querido

México roto.

México asesinado.

México violentado.

México derrumbado.

México lindo.

Dime chaira, feminazi, soñadora, irreal, pero, aunque me duela todo esto y parezca una misión imposible que nuestro México logre estar bien dentro de toda esta catástrofe, aún creo que puede salir bien. Pero eso sólo puede suceder si dejas de culpar a la mujer de su propia muerte, si dejas de twittear bromeando del sufrimiento de otros, si dejas de ver todo el panorama como un paisaje alejado y lejano cuando tus pies son los que están pisando esta tierra. Busca un centro de acopio. Ayuda a tu amiga que es acosada. Dona todo lo que puedas. Inspira a los demás a hacer lo mismo. No cierres los ojos. No cierres la mente. No finjas demencia. Sé solidario. Sé comprensivo. Sé humano. Sé mexicano.

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