Alas de papel

07 Nov 2017

Beatriz Martinez

Vivas nos queremos

Hace dos semanas exactamente fue encontrado el cuerpo de Lesvy Berlín en Ciudad Universitaria, ahorcada con un cable de teléfono. Todos escuchamos del caso y muchos llegamos a leer los comentarios con el famoso hashtag #SiMeMatan, los cuales mostraban una gran indignación y rechazo por la exposición innecesaria de detalles personales de Lesvy por parte de la PGJDF. Porque sí, al estar frente a un caso de feminicidio, lo mejor que pudo compartir la procuraduría a través de sus redes sociales, fueron datos inapropiados de la víctima como que se drogaba o no asistía a clases.

Escribo hoy y no hace dos semanas porque ocupaba que pasara el tiempo, ocupaba que mi enojo, tristeza, rabia y descontento pudieran acomodarse dentro de mí y ocupaba poder preguntarte: dos semanas después, ¿aún recuerdas el caso? Porque muchos ya lo habrán olvidado, como todas las historias de asesinatos en nuestro país, como las 7 mujeres que son asesinadas a diario en México o las 2 que son asesinadas cada hora en América Latina, que en algún punto simplemente son olvidadas sin llegar a las respuestas que sus familiares se merecen.

A mi parecer el caso de Lesvy y las respuestas ante él, fueron el ejemplo perfecto de lo que es ser mujer no sólo en México, sino en muchos lugares del mundo, siendo en ocasiones hasta peor. Porque las mejores características para describir a una mujer siempre son sus defectos, porque “ella se lo buscó”, porque vemos el daño y el abuso y preferimos voltear a otro lado, porque les aseguro que esa noche no fue la única vez en la que Lesvy tuvo problemas por el simple hecho de ser mujer. A todas nos han criticado por nuestra ropa, nuestro estilo de vida, las decisiones que tomamos, nuestra forma de expresarnos, por querer lo mismo a lo que tienen acceso los hombres.

“Es que ella es bien puta”, “¿ya viste su falda?”, “¿cómo espera que la respeten así?”, son algunas de las frases más comunes que escucho cuando paso cerca de grupos de amigas, también mujeres, que se encuentran criticando a otras. ¿Pero en qué momento pasan estas críticas y chismes locales a ser comentarios que realiza la PGJ públicamente al investigar sobre un asesinato? Pero como en todo caso, nadie habla del lado bueno de esta chica. Nadie habla de sus aspiraciones en el futuro, sus logros, su participación en concursos literarios o la estudiantina femenil, porque eso no justificaría su muerte, pero exponer sus defectos sí lo hace, ¿qué no? O al menos eso parece, parece que, en la mente de muchos, no ser el prototipo de mujer perfecta o el simple hecho de ser mujer ya es razón para ser asesinada.

No nos vayamos tanto a extremos. ¿Por qué es necesario un caso ruidoso para darnos cuenta de la realidad en nuestra sociedad? No todas hemos sido asesinadas, pero todas o muchas hemos sufrido alguna clase de acoso o abuso y “ay, no es tan grave o serio” es la peor respuesta, pero también la más común, que reciben todas y eso si son lo suficientemente valientes para hablar, porque hemos creado esa cultura e idea errónea de que la víctima tiene la culpa, la víctima debe tener miedo a hablar, la víctima debe quedarse callada como siempre y aceptar las cosas como son, porque es mujer, porque así es, porque qué más da hablar si todo seguirá igual.

En México, de los asesinatos 9 mil 581 asesinatos violentos contra mujeres entre 2012 y 2016, solamente 1887 fueron reconocidos como feminicidios, equivaliendo esto a un 19%, menos de una quinta parte. Ahora bien, ¿qué es un feminicidio y que lo hace diferente de lo que llamaríamos simplemente un asesinato? Citando a nuestro Código Penal Federal: “Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

  1. La victima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
  2. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;
  3. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
  4. Haya existido entre el activo y la victima una relación sentimental, afectiva o de confianza;
  5. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
  6. La victima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
  7. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.”

Significando esto, en resumen, que la víctima es asesinada principalmente por su género. Vuelve a leer esa última oración, ¿tiene algún sentido en lo absoluto? Porque entre más lo leo, más estúpido me parece. Citaré a continuación a la abogada Karla Michel Salas, quien dijo que “Detrás de un feminicidio está una cultura de discriminación, de misoginia, donde lo que están demostrando estos criminales es que el cuerpo de las mujeres les pertenece, que las mujeres en sí mismas les pertenecen y cuando las asesinan no sólo les privan de la vida, sino les quitan todo símbolo de humanidad”. Y es que así es, ¿de dónde más van a provenir los feminicidios y las mentes que realmente piensan que tienen el poderío sobre la vida y el cuerpo de una mujer? De personas con un pensamiento misógino y machista, que lamentablemente muchos apoyan e impulsan ya sea activa o pasivamente en nuestro país. Desde los comentarios en la familia como “no vas a poder estudiar una ingeniería porque eres mujer, eso déjaselo a los hombres ¿no? Elige algo más sencillito mejor”, los piropos denigrantes que cada una ha escuchado al caminar sola, el acoso cuando sales de fiesta, la falta de respeto ante un “no”, las manos insolentes de familiares en tu casa o desconocidos en el transporte público, hasta los casos más tristes como una violación o un feminicidio y la poca atención que se les brinda a las investigaciones de éstos; cada uno de estos factores son señales vibrantes de la cultura que tenemos.

No creo que ninguna mujer merezca caminar con miedo o que tenga que cambiarse de ropa porque si sale con aquel outfit que tanto le gustaba, correrá riesgo. No creo que ninguna víctima deba quedarse callada por miedo a la respuesta que pueda recibir.

A ti, mujer, te digo que vales tantísimo y me disculpo si alguna vez alguien te ha hecho sentir menos, si alguien te ha hecho sentir culpable del abuso que has recibido, si alguien te ha hecho sentir sucia, si alguien no te ha respetado, si alguien te ha dicho que calladita te ves más bonita. También a ti mujer, te pido que si alguna vez has pensado en criticar a otra por sus decisiones o has justificado el acoso que ella ha recibido por su ropa o su comportamiento, piénsalo bien, ¿crees que ella en realidad se lo merece?, ¿crees que en realidad cualquiera de nosotras merecemos ser irrespetadas, violadas o asesinadas?, ¿no crees que todos, tanto hombres como mujeres, merecemos respeto y libertad por el simple hecho de ser seres humanos?

Y a ti, hombre, te pido que no leas esto como “una chava más quejándose, hay problemas más graves en el mundo”, porque sí, estoy segura de que hay mil problemas, pero eso no hace menos serio este, te pido desde el fondo de mi ser que reflexiones sobre la falsa idea de que vales más por tu género y te agradezco enormemente si estás consciente de que no es así.

Y a todos en general, nos pido que no olvidemos tan fácilmente, tan rápidamente, tan inconsideradamente.

 

 

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